El verano multiplica las salidas al campo, las excursiones y los días de playa con el perro. También multiplica el contacto con abejas, avispas, mosquitos, arañas y medusas. La mayoría de las picaduras se quedan en un susto y una molestia pasajera, pero algunas pueden desencadenar una reacción alérgica grave en cuestión de minutos. Saber distinguir una cosa de la otra —y actuar bien los primeros segundos— marca la diferencia.
Las picaduras más habituales en verano
Los perros exploran con el hocico y las patas, y a menudo intentan cazar aquello que vuela o se mueve. Eso explica que la mayoría de las picaduras se concentren en zonas muy sensibles: cara, hocico, labios, lengua, garganta y almohadillas. Una picadura en el interior de la boca o en la garganta es más preocupante que una en la pata, porque la inflamación puede llegar a dificultar la respiración.
Los agentes más comunes durante los meses de calor son las abejas y avispas, los mosquitos y tábanos, alguna araña en el campo y, en la costa, las medusas. Cada uno requiere una actuación ligeramente distinta.
Abejas y avispas: síntomas y actuación
Es la picadura de verano más frecuente, sobre todo en perros jóvenes que intentan cazar el insecto al vuelo.
Cómo se reconoce: dolor repentino, un bulto o hinchazón localizada, enrojecimiento y el perro que se lame o se rasca insistentemente la zona. Si la picadura ha sido en la cara, verás hinchazón alrededor de los ojos o del hocico.
Qué debes hacer:
Localiza el aguijón. La abeja deja el aguijón clavado con el saco de veneno; la avispa, no (y puede picar varias veces).
No retires nunca el aguijón con pinzas. Al presionar el saco de veneno liberas más. Ráspalo hacia fuera con la uña, una tarjeta rígida o el canto de un cuchillo sin filo.
Aplica frío envuelto en un paño sobre la zona para reducir la hinchazón y el dolor. Nunca hielo directo sobre la piel.
Vigila al perro durante las horas siguientes. La mayoría de las picaduras mejoran solas, pero una minoría evoluciona hacia una reacción alérgica (hablamos de ello más abajo).
Importante: no administres ningún medicamento ni antihistamínico por tu cuenta. Las dosis seguras dependen del peso y del estado del perro, y algunos fármacos de uso humano son tóxicos para ellos. Si crees que hace falta medicación, llama al veterinario antes.
Mosquitos, moscas y tábanos
Las picaduras de mosquito suelen ser leves: un bultito, picor y poco más. El problema del mosquito no es tanto la picadura como lo que puede transmitir. En buena parte del litoral mediterráneo, el mosquito es el vector de la leishmaniosis, una enfermedad grave y crónica. La prevención (repelentes adecuados y, si procede, vacuna) debes hablarla con tu veterinario.
Los tábanos dan una picadura más dolorosa, con un bulto rojo que molesta unos días. Y las moscas pueden morder las puntas de las orejas de los perros que pasan mucho rato fuera, dejando costras que se infectan con facilidad. Limpia la zona con suero fisiológico y vigila que no se infecte.
Arañas
En la península la inmensa mayoría de arañas son inofensivas. Las picaduras suelen pasar desapercibidas y se resuelven solas. Los casos relevantes son muy poco frecuentes y vienen de especies concretas como la viuda negra o la reclusa, presentes en zonas secas y cálidas.
Ante una picadura de araña con dolor intenso, hinchazón que crece, temblores, rigidez muscular o malestar general, acude al veterinario sin esperar. Si puedes, haz una foto de la araña: ayuda a identificarla.
Medusas (en la playa)
Cada vez compartimos más la playa con el perro, y el contacto con medusas —vivas o todavía en la arena— es más habitual de lo que parece. Los tentáculos conservan la capacidad urticante incluso cuando la medusa está muerta.
Cómo se reconoce: el perro sale del agua nervioso, se lame o se rasca la zona, y aparece enrojecimiento o marcas en forma de latigazo, a menudo en el hocico, la barriga o las patas.
Qué debes hacer:
Saca al perro del agua con calma y evita que se lama la zona.
Enjuaga con agua de mar, nunca con agua dulce. El agua dulce hace que las células urticantes que quedan en la piel liberen más veneno.
Retira los tentáculos con pinzas, guantes o el canto de una tarjeta. Nunca con la mano desnuda.
No frotes la zona con toalla ni arena: empeora la lesión.
Aplica frío envuelto en un paño, sin contacto directo con la piel.
No apliques vinagre. Es un remedio muy extendido, pero para las especies habituales de la costa mediterránea no está recomendado y en algunas puede empeorar el dolor.
Si el perro muestra malestar general, vómitos o dificultad para respirar tras una picadura de medusa, acude al veterinario.
Reacciones alérgicas graves y cuándo acudir al veterinario de urgencia
La mayoría de las picaduras son molestias menores. La minoría peligrosa es la reacción alérgica —que puede desembocar en un shock anafiláctico— y puede aparecer en pocos minutos. Aquí el tiempo cuenta.
Acude al veterinario de urgencia de inmediato si observas:
Hinchazón de la cara, el hocico o el cuello que crece rápidamente.
Dificultad para respirar, respiración ruidosa o jadeo intenso.
Vómitos o diarrea repentinos tras la picadura.
Urticaria o bultos por todo el cuerpo.
Debilidad, mareo o colapso, encías pálidas.
Salivación excesiva o picadura en el interior de la boca o la garganta.
Ante cualquiera de estas señales no esperes a ver cómo evoluciona: llama a tu veterinario o al centro de urgencias de camino. Una picadura en la boca o en la garganta es siempre motivo de consulta, aunque el perro parezca tranquilo, porque la inflamación puede progresar.
Prevención
No puedes evitar todos los contactos, pero sí reducir muchos:
Repelentes específicos para perros. Usa solo productos formulados y validados para el perro. Muchos repelentes e insecticidas de uso humano (como los que llevan DEET) pueden ser tóxicos para ellos. Tu veterinario te dirá cuál es el más adecuado según la zona y la época.
Vigila dónde olfatea y muerde. En las zonas con flores y arbustos en flor es donde hay más abejas y avispas.
En la playa, infórmate antes. Consulta los avisos de medusas y vigila los tentáculos en la arena. Si hay proliferación, mejor no dejar que el perro entre en el agua.
Revisa al perro después de cada salida, sobre todo cara, orejas, barriga y almohadillas.
Ten el contacto del veterinario a mano durante las vacaciones, y localiza el centro de urgencias más cercano si estás fuera.
Prepara un pequeño botiquín de verano para el perro. Si vais a pasar el día fuera —campo, montaña o playa—, llevar un kit básico te permite actuar en el sitio sin perder minutos:
Pinzas (para retirar tentáculos de medusa, nunca el aguijón de abeja).
Una tarjeta rígida para raspar el aguijón.
Suero fisiológico para limpiar y enjuagar.
Gasas y guantes.
Unas tijeras de punta redonda, vendas y esparadrapo, por si hay alguna herida o hay que sujetar una gasa.
Una compresa de frío instantáneo y un paño para envolverla.
El teléfono de tu veterinario y del centro de urgencias más cercano.
Si tu perro ya ha reaccionado antes a picaduras o sospechas que es propenso a las alergias, te interesa leer Alergias primaverales en tu perro, donde explicamos cómo identificarlas y gestionarlas —y donde la alimentación sí juega un papel. Y si este verano tenéis playa en el plan, echa un vistazo a Playas dog-friendly para ir bien preparados.